miércoles, 25 de mayo de 2011

Miro

Miro el azul despampanante, la amplitud fresca de la playa. Una pluma de gaviota, apenas levitando en la brisa marina, trémula, silenciosa, penetra en el infinito.

Giro sobresaltado: fugazmente veo, o imagino ver, figuras conversando en el oscuro torreón, seres de tristes contornos esfumados, con ojos de resplandores extraños, en harapos, en medio de aromas salinos antiguos.

Un par de aquellos ojos encandilará la tarde, enfrentándome, deteniendose mi corazón al blandir un brazo negro la daga centellante, amenazante hacia mi cuello, instantes antes que, afortunadamente, despierte.

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