En cierta ocasión creí haber comprendido cabalmente lo que
sucedía a mi alrededor. Subyacía, escondidamente, la sensación de que este
estado de clarividencia sorpresivo pudiera ser una quimera. Pero,
afortunadamente, para mi autoestima y mi equilibrio mental, este pensamiento
subalterno se mantenía en segundo plano. Entonces, yo viví feliz mi fugaz comprensión del mundo. Al
menos por un instante y aunque fuese una mera ilusión, me hizo pensar que todo
sufrimiento producto de la incertidumbre
y pequeñez de entendimiento eran cosa
del pasado Ciertos modelos,
pensamientos, preconceptos y esquemas, propios y ajenos, habían facilitado tal
fantasía. Prontamente, regresó el sinsentido, cayó la noche y se desató una
tormenta aterradora.
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