domingo, 16 de enero de 2011

Sueños

El sol cae perpendicular e intenso hacia el fondo de la hondonada en la que estoy plácidamente tendido boca arriba. Cierro los párpados pero la luz es tan fuerte que una gran claridad caliente llega a mis retinas. Eso me da cierto bienestar, igual que la protección al viento que me brinda el relieve ondulado y los generosos rayos infrarrojos que entibian mi uniforme. Con el casco improviso una nada mullida almohada. El fusil yace longitudinal a mi lado, como una novia que dormita. Está cargado, sin seguro, y listo para ser usado. Aunque en este estado de ensoñación en el que estoy inmerso, seguramente seré presa de cualquier ataque. No tengo miedo. El viento patagónico pasa unos metros por arriba. He perdido la noción espacial y los puntos de referencia se me confunden, por lo que ya no se en que lugar estan mis compañeros. Por momentos oigo lejanas sus voces, traidas por la intermitente ventisca. El cráter, ese pequeño y circustancial sitio del Universo en que la historia me ha depositado por unas horas, se va llenando lentamente de mis pensamientos. Me duermo y sueño.
Ya no recuerdo esos sueños.

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