Los ví dar explicaciones. Los viejos y los jóvenes. Doctores en Ingenieria Nuclear. El mundo crujía de dolor. La incertidumbre y el miedo apenas podian minimizarse por comentaristas y productores de televisión (¡que imbéciles!).
Intentaban analizar los acontecimientos con pensamientos, algunas veces de precaria consistencia, firmemente imbuidos por indudable desconocimiento, y otras veces, inquietantemente teñidos de instrucciones ideológicas, corporativas, u otros filtros de urgente malicia o mera tontería.
Pero estos accidentes de la "comunicación social" no me preocupaban, al fin de cuentas no eran ellos los que emitían neutrones sobre los cerebros de los inocentes. Ya habria tiempo para arreglar cuentas con ellos.
Sí me inquietaban los Doctores. Los viejos. Las eminencias, digo. Angustiados, con un gesto de preocupación que bastaba para dar por sentado "que algo que no previmos salió mal" . Y su poca paciencia con los periodistas y escribas ignorantes y los amarillistas a sueldo. Poca paciencia que, en definitiva, dejaba en claro el nerviosismo creciente.
Pero mas me preocuparon, en los Doctores mas jóvenes, sus rostros serios, aplomados, esa cara de piedra diría yo, su impecabilidad, su entereza dudosa, su tono firme, consistente, esa transmisión de "nosotros tenemos el control siempre" y "acá no pasa nada que no estuviese previsto" aunque esa prevision fuesen los daños colaterales de miles de muertos por cancer.
Ahí si vi, descarnada, chocante, pétrea, desoladora, desolada, la cara de la humanidad mirando al abismo.
1 comentario:
gracias José luis, gracias
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