Así no se puede. De esa forma es difícil trabajar, y no sé si vamos a poder cumplir con las metas propuestas. Yo no sabía que la mayoría de los integrantes del plantel iban a ser especiales. Cuando llegué a la Base para hacerme cargo del Proyecto de Forestación nadie me lo advirtió. Me refiero con “especiales” a personas con diferentes dolencias psicofísicas. Ahora somos buenos amigos, intentamos tener buenas relaciones, dentro de lo que las circunstancias permiten. Pero que nadie me venga a hablar de "productividad", "eficiencia", "calidad total" y otras abstracciones mercantilistas por el estilo. Debemos hacer lo que podamos con lo que tenemos. Así son las cosas.
Con nosotros está Julio Camba, Julito, que tiene estrés postraumático desde que fue soldado de la Flota Galáctica y a su nave la partieron al medio las fuerzas extraterrestres invasoras. Quedó flotando en el espacio durante meses en la pequeña balsa hermética de salvamento hasta que de milagro alguien lo rescató en algún lugar del Sistema Solar, justo cuando la energía de la pila de uranio y sus provisiones se estaban agotando. Sabrá Dios, o quien lo represente en este Universo, los pensamientos que ha elaborado en ese largo ostracismo, pero sus efectos están a la vista. Es un trabajador hacendoso, pero algunos días, en que la Luna se pone oscura y neblinosa, sus neurotransmisores se desordenan (digamos que se le sale la chaveta, para ser más claros) y es imposible confiarle tareas y responsabilidades. Se torna impredecible y en ocasiones es irascible, y aunque después se arrepiente y pide disculpas, es indisciplinado y trata mal a sus compañeros. Como pertenece al Centro de Excombatientes del Espacio, suele tener que viajar de vez en cuando a reuniones con sus pares de otras colonias espaciales, lo que ocasiona ausencias en su puesto de trabajo. Justificadas, pero ausencias al fin, que provocan retrasos en las tareas.
También está en el equipo Rodrigo Piertes, a quien llamamos Pucho, ex bombero voluntario, con 25 años de servicio. Desde que se creó esta Base, participó en todo incendio, accidente, catástrofe habido y por haber, y en los rescates de heridos y remoción de escombros después de los combates con los intrusos chinos, yanquis y rusos que intentaban hacerse con la posición privilegiada que habíamos ganado los argentinos. Esos años ya pasaron, pero el hombre, después de su ahumada y ensangrentada trayectoria, ha quedado con una depresión importante con tanta calamidad en la que tuvo que incursionar al rescate de sobrevivientes. Esta depresión es de una variedad rara, que los psiquiatras llaman aquí “DPM”, Depresión Tipo Marciana. De vez en cuando se entristece, o se angustia, o vaya a saber qué, y los médicos le dan algunos días de licencia y unas misteriosas pastillas violetas. El efecto visible de esta enfermedad es que el individuo se “cuelga” o “se tilda”, y queda mirando al vacío. Al principio nos asustábamos, pero ahora le hacemos un par de bromas y lo mandamos a ver al médico. Después regresa diciendo que nos extraña y al poco tiempo cae nuevamente en un pozo depresivo. El está afiliado al ATL (Asociación de Trabajadores de la Luna) así que de vez en cuando recibimos la visita de los gremialistas, que vienen a revisar las condiciones laborales en las que se desempeña Pucho.
Otro integrante del grupo es Marcos Robledo. El Loco Marcos o Marck , como lo llamamos cariñosamente, es un minero retirado de las antiguas explotaciones de Fobos, desvinculado hace años de la minera por contraer una rara enfermedad artrítica de origen desconocido, la llaman "artrosis espacial virósica múltiple" , la cual le produce insoportables dolores que ni siquiera todo el arsenal medicamentoso del Centro Sanitario puede controlar . Así que nuestro Marcos colabora con los trabajos en la medida en que sus dolores lo dejan. También cuenta con otra fuente de dolores, como si ya no tuviese suficiente, en otra enfermedad que lo aqueja: la "deformación saturnina de órganos". Cuando los dolores de la artrosis merman, aparecen los de esta extraña enfermedad de los tejidos blandos, así que siempre, al pobre Mark, da pena verle su rostro de dolor, hasta en la rarísima ocasión que anda contento, su gesto da tristeza y miedo. Son limitadas las tareas que Juan puede realizar. Debido a sus dolores, es incluso difícil confiarle la operación del robot de carga, porque corremos el peligro de que le dé un ataque en medio de una maniobra y el robot se descontrole produciendo un peligroso caos.
Luego está Gonzalo Perez Rueda, “Trencito”, quien supo ser maquinista de la locomotora del tren que iba hasta el Cráter La Esperanza a traer ciertos minerales que se usaron para construir esta Base. Trabajó 20 años yendo y viniendo hasta que “la mala suerte”, dice él y “algunos vasos de ginebra” dicen otros, hicieron que su tren impactara sobre otro que estaba detenido. Se rompió la columna en cien pedazos, así que se la reconstruyeron con implantes de plástico quirúrgico venusino y de titanio terrestre. Lamentablemente la operación no fue del todo buena, porque, dicen, se utilizó el último titanio que quedaba, que era de mala calidad. Así que su movilidad es precaria y por lo tanto las tareas que puede hacer en nuestro vivero también son limitadas.
Por último lo tenemos a Juan José Gómez, con una suma de afecciones como síndrome de várices gravitacionales, taquicardia repetitiva y fibromialgia tipo extraterrestre 2. Su complejo cuadro derivó en una psicosis crónica. Sus males son tantos y tan importantes, que anda hablando solo entre las plantas, de vez en cuando no coordina ni razona por largos períodos, y los psiquiatras del CSL (Centro de Salud Lunar) se encuentran bastante confundidos en su seguimiento y atención, y dicen estar especialmente preocupados por la situación de Juancito, aunque yo tengo mis dudas al respecto, porque más parecen haberse dado por vencidos con este caso y lo tratan con placebos y tratamientos inocuos. A Juan esto no parece ya importarle, y en sus raros momentos de lucidez y ácida conciencia, bromea amarga e irónicamente sobre su fatalidad, cosa que a nosotros nos divierte. A él le gusta eso, y parece que disfruta brevemente alguna broma que le hacemos. El también estuvo agremiado alguna vez, pero los muchachos se las arreglaron para desafiliarlo del ATL porque andaba haciendo protestas inconvenientes cuando ciertos dirigentes políticamente cercanos al gremio visitaban la Ciudad Cúpula. Juan es un buen trabajador en los períodos en que sus dolencias le dan un respiro. Los androides (tenemos tres, con diferentes especialidades) lo miran con recelo. Ellos han podido aprender a interrelacionarse aceptablemente con todos los integrantes humanos del equipo, incluso a manejar con inteligencia las conductas repentinamente violentas e inesperadas de Julio, pero con Juan no hay caso. Creo que no alcanzan a comprender el efecto de un coctel tan complejo de nervios y hormonas enfermas en este hombre, y de alguna manera actúan prejuiciosamente y a la defensiva. No me parece que estén haciendo el esfuerzo suficiente para lograr una convivencia razonable, o quizá Juancito sea el límite para la inteligencia artificial de este modelo de máquinas. No lo sabemos. Temo que alguna vez haya una gresca de proporciones a causa de este asunto irresuelto. Los psicólogos y los ingenieros de los androides no han logrado aún hacer los ajustes necesarios para eliminar esta discordancia conductual. Para colmo Juan está consciente de la aprehensión que les causa, y disfruta con ello haciendo y diciendo cosas que sabe que a los androides les pone los nervios de punta.
Para completar el plantel, estamos El Viejo y yo, que se supone que estamos sanos, al menos nuestros cuerpos no aquejan problemas significativos. De vez en cuando nuestras mentes y nuestros caracteres se alteran debido al tipo de compañeros de trabajo que tenemos. El Viejo, que ya es cabrón por naturaleza, hace un esfuerzo sobrehumano para sintonizar y convivir con el extraño grupo de enfermos, lo cual para él, a punto de jubilarse, significa un mérito loable. En cuanto a mí, que se supone que debo liderar un equipo de trabajo, motivarlos y velar porque se alcancen las metas y se cumplan los planes de producción, seriamente estoy pensando en plantear una queja formal a mis jefes. O quizá, deba concurrir a mantener una charla con mi psiquiatra o mi abogado laboral. Algo voy a tener que hacer. (Continuará)
1 comentario:
Estimada amiga: El texto que te mande tiene que ver con un experimento de escritura del último año. Ya dije que no tienen pretensión literaria alguna, lo hago como una especie de autoterapia sanadora, si de paso a alguien le produce algo, mejor. Algunos textos están "tuneados" como si fuesen ciencia ficción o fantasia, aunque eso es para despistar,porque todo lo que sucede es bastante real y de hecho ocurrió o esta ocurriendo. Por otro lado, no son versiones definitivas, ya que siempre las estoy cambiando o replicando con variaciones. Un abrazo
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