miércoles, 27 de junio de 2012

El centinela


  Llego a mi casa haciendo apenas ruido en la madrugada con mis zapatillas de suela de goma. Al sacar las llaves tintinearon y esto, supuse, sobresaltó al guardia, que hasta ese instante yo no había visto.  Lo cierto es que  dió media vuelta sobre sus botas, cargando el FAL ("clac-clac" ) en su recorrido semicircular, girando el cuerpo, y quedó apuntándome al estómago, con la bala en la recámara, sin seguro y con el dedo en el gatillo. Ambos quedamos petrificados, envueltos en torrentes de adrenalina. Casi se me caen de las manos los discos de King Crimson que traía. Y antes que los neurotrasmisores de alguno de los dos hagan alguna macana, le dije:

-Vivo acá
-Ah, ok. Estamos custodiando la estación transformadora de alta tensión
-...
-Pasá, no más.
-Gracias, buenas noches.

  Me fuí a dormir, preguntándome porqué el pibe estaba justo frente a la ventana de mi dormitorio haciendo su guardia, siendo que el objetivo a resguardar estaba enfrente , cruzando la calle.

  Años después, cuando yo mismo fui soldado, al cubrir guardia en la casa de un coronel, comprendí. 

  



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