martes, 9 de octubre de 2012

Guerreros eran los de antes

  Los guerreros de ahora huelen a perfume,  son egresados de universidades privadas y hasta tienen, algunos, gustos por los restaurantes caros.

  Los de antes , en cambio, olían a tierra y a sudor. Ponían el cuerpo en trincheras nada acogedoras y a veces intentaban dormir  en el fondo de ellas pero como  siempre había un barro nauseabundo, y los bombardeos los mantenían en vilo durante meses, en los cuales muchos enloquecían o se suicidaban, era imposible conciliar el sueño durante días.  Las heridas de los máuser , o de las remington, o de las pistolas Luger, manchaban sus uniformes con sangre, y estaban largos días con esa suciedad oliendo a carne podrida, hasta que alguna enfermera amiga los curaba y les lavaba la ropa, si es que, dado que no se moría, valía la pena hacerlo y la enfermera también valía la pena y el soldado herido también valía la pena, según la óptica de la enfermera.   Mi abuelo Luigi, que peleó en la Gran Guerra,  estaba un día soleado de 1915 jugando a las cartas ( seguramente algún juego originario de las serranías  circundantes a Messina, quizá parecido al truco) en una rotosa carpa   de campaña , en el frente Austro-Hungaro, en algún lugar de los alpes italianos. Fue así, como un bastardo germano pasó con su avioncito de una sola hélice, quizá un LVG CVI , y arrojó una bomba justo en medio de la mesa de juego, resultando muertos algunos  y heridos otros, entre ellos mi abuelo. Cincuenta años  después,  para mi cumpleaños de  6 o 7 años , mi abuelo me trajo de regalo  unos soldaditos de plástico de la Primera Guerra y me mostró sus cicatrices de aquellas esquirlas en sus piernas, espalda y torso.  Nunca me contó que enfermera lo había curado, pero mi abuela seguro no era, porque había quedado en Sicilia y no sabré nunca si ya eran novios. Después del armisticio, mis abuelos, que eran muy pobres, dejaron las montañas de Messina para venirse a la Argentina para siempre. 

  Ahora, los guerreros, están sentados en cómodos gabinetes relucientes de tecnología,  recibiendo imágenes satelitales de objetivos distantes a miles de kilómetros , los que serán alcanzados por aviones no tripulados teledirigidos. O envían misiles con su ruta grabada en un disco rígido, solo con apretar un botón, mientras en la otra mano sostienen su lata de gaseosa, sin que se note un solo tembleque . Son un tipo de guerreros que yo detesto. También hay algunos tipos de guerreros atrincherados en gabinetes ministeriales, cortes reales, oficinas de corporaciones, oscuros escondites gubernamentales, o también los que andan en autos blindados con cristales polarizados en misiones secretas, o vigilando activistas, periodistas o artistas, cuyos pensamientos y actividades amenazan a su establishment. Esos guerreros, que ni siquiera merecen el nombre de tales, son unos mantequitas, cobardes y alfeñiques modernos, y merecen todo mi desprecio.

1 comentario:

Zurc dijo...

...los tiempos cambian de peor-mejor o/a mejor-peor... cuál es la opción: elija y gane!

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