domingo, 13 de enero de 2013

Demasiado dulce es la vida

Eran las 7 de la mañana y del techo de chapa del galpón pendían estalactitas. En minutos la condensación iba a provocar una lluvia fría sobre el frío piso de cemento y sobre los fríos hierros de las máquinas. Aquellas mañanas de invierno dolían hasta los huesos. Lo peor  era sacarse los guantes para poder agarrar las herramientas, parecía que los dedos iban a quebrarse. En breve, los motores debían tronar de ruido, superando ampliamente los decibeles permitidos por la Ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo. Algunos vidrios rotos permitían que los chifletes del viento sur provenientes del océano Atlantico, a corta distancia de nuestras existencias, invadieran el taller y enrojecieran nuestras orejas, las que se tornaban quebradizas y sin sensibilidad como los dedos, En esas circunstancias , te daban ganas de ir al baño, pero quedaba tan lejos y era tan sucio, que lo tomabas como un castigo de Dios. Al pié de la letra: "ganaras el pan con sufrimiento". La escena dantesca se completaba con instalaciones eléctricas defectuosas, medidas de seguridad insuficientes debido a la desidia y a la ignorancia, y  la tensión que algunos de nosotros llevábamos por el madrugón, los problemas personales y alguna que otra dificultosa relación interpersonal.  Entonces vos le ofrecías un mate dulce al Viejo. Y el te decía: " Para mí , amargo. Demasiado dulce es la vida." 

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