Eran las 7 de la mañana y del techo de chapa del galpón pendían estalactitas. En minutos la condensación iba a provocar una lluvia fría sobre el frío piso de cemento y sobre los fríos hierros de las máquinas. Aquellas mañanas de invierno dolían hasta los huesos. Lo peor era sacarse los guantes para poder agarrar las herramientas, parecía que los dedos iban a quebrarse. En breve, los motores debían tronar de ruido, superando ampliamente los decibeles permitidos por la Ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo. Algunos vidrios rotos permitían que los chifletes del viento sur provenientes del océano Atlantico, a corta distancia de nuestras existencias, invadieran el taller y enrojecieran nuestras orejas, las que se tornaban quebradizas y sin sensibilidad como los dedos, En esas circunstancias , te daban ganas de ir al baño, pero quedaba tan lejos y era tan sucio, que lo tomabas como un castigo de Dios. Al pié de la letra: "ganaras el pan con sufrimiento". La escena dantesca se completaba con instalaciones eléctricas defectuosas, medidas de seguridad insuficientes debido a la desidia y a la ignorancia, y la tensión que algunos de nosotros llevábamos por el madrugón, los problemas personales y alguna que otra dificultosa relación interpersonal. Entonces vos le ofrecías un mate dulce al Viejo. Y el te decía: " Para mí , amargo. Demasiado dulce es la vida."
Notas en estado de mutación permanente. Nada es lo que parece. Todo es efímero, cambiante e intercambiable. Las luces son confusas y difusas. Conviven entre contornos nítidos y brillantes destellos. El orden tiende a la entropía, ese otro orden diferente. Camine despacio. No intente volver sobre sus pasos sin tomar precauciones. Aviso: esto no es literatura ni pretende serlo.Es un ejercicio de "escritura terapéutica" puramente experimental. Los colores son hipertextos.
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