Como todos los domingos, mientras caminaba por las calles y el bosque de casuarinas, sintonicé una radio. Como ya no encontré en el dial aquella estación que solo hablaba de los problemas de la ciudad y de la gente, sintonicé cualquier radio. Al fin de cuentas ya me estaba hartando de oir sobre tantos problemas y desgracias, como si uno no los tuviera y encima tener que escuchar a alguien que te los repita. Entre cumbias, recetas de cocina, llamadas de oyentes para decirles piropos a las locutoras y las últimas novedades de la liga local de Rollerball, me fui incorporando al universo de gente que conformaban los oyentes de esta gran emisora. Encontré agradable la programación, y las endorfinas producidas por la actividad aeróbica fueron reforzadas por algún otro efluvio neuronal radiofónico , así que las buenas noticias y entretenimientos calaron hondo en mi alma. Oh, felicidad...
2 comentarios:
l nombre del blog: 'Cuadros a trasluz', a golpe de vista, ya, es de una belleza de esas rarísimas; condición ultrapoética la invitación a contemplar con toda sutileza, y además usando la luz del intelecto.. o más allá-, la del alma.
Sólo tres palabras ;))
Una vez me pasó que iba en el auto sintonizando y sintonizando, como el protagonista del relato. Y había un punto en el dial que se encendía pero no lograba oírlo. Lo ponía de nuevo y no lo escuchaba.. hasta que al fin lo conseguí: era un reggae de esos buenos -seguramente Marley-, tan poco se escuchaba, sólo los graves lejanamente. No sé si alguna vez te pasó: la melodía sonaba como yo, por eso no la escuchaba, tenía que prestar especial atención para poder oírla aunque sea levemente. (Era californiana.) Profundo mambo. Llovía, iba a buscar a mi amor: mi hijo. En el camino encontramos a un amigo de él y lo acercamos a su casa: su abuela me agradeció muchísimo porque el nene en realidad estaba esperando a alguien que no iba a poder llegar. Justo. Oh, felicidad..
Buen día, José!
abrazo Carol! jaja tarde pero seguro
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