En 1976 yo iba a mi ultimo año de secundario y el Ejercito me requisaba la ropa y las carpetas en operativos en la ruta. Ese año, de viaje de egresados en Mendoza, en una semana en la que coincidió con la visita de Videla a Cuyo, la Gendarmeria, la Policía Federal, la Policía Provincial mendocina y el Ejercito nos llevo detenidos media docena de veces solo para jodernos el paseo Algunos compañeros y profesores desaparecieron en Bahía Blanca por aquellos años. Algunos eran Montoneros otros no. También fui con un amigo a Buenos Aires a algunos recitales de rock y a llevar a un taller mi saxo alto, y se me ocurrió subir las escalinatas del Congreso Nacional clausurado con ese estuche que la Policía Militar interpretó que contenía un arma, así que...
En 1977 hice el servicio militar, y custodié la seguridad de familias de coroneles y generales, no del todo consciente del riesgo que corría, y atendí a Azucena Viñaflor en el portal del 5to Cuerpo de Ejercito, mientras yo estaba de guardia y ella quería pasar a preguntar por el paradero de su hijo. También por aquel año le cebé mate a las tres de la mañana a un teniente loco excombatiente contra el ERP en el Monte Tucumano. Mientras le cebaba el desarmaba y armaba sucesivamente una granada con carga activa y no me dejaba alejarme de su escritorio, poniéndonos a los dos a milésimas de segundo del Infierno del Dante. Mientras tanto, desde la ventana de la guardia se divisaba a lo lejos el movimiento de autos en torno de La Escuelita, centro de detención, torturas y desaparición de personas de la región.
En 1978, en pleno Mundial de Fútbol , yo era un cadete de oficina en Capital Federal de una empresa proveedora del estado, en cuyo efecto visite todos los ministerios , institutos y organismos estatales para las aperturas de las licitaciones, llevando en mi maletín de doble fondo los papeles de la empresa y mas abajo, libros de poesía comprados en oferta en Calle Corrientes, publicaciones "subterráneas", correspondencia que mantenía con gente que se dedicaba a lo que llamábamos la prensa alternativa, borradores con extraños escritos. Algunas veces me revisaron, otras no. Siempre que abrían los maletines era para ver si había algún artefacto explosivo. Supongo que los papeles postales ya los revisaban antes en el Correo Argentino, ya que innumerables sobres llegaban abiertos o con evidencias de haber sido revisados y vueltos a cerrar.
A fines de 1979 fui convocado nuevamente por el Ejercito por el conflicto con Chile por el Beagle, y ni bien me presenté fui desplazado a Río Gallegos y aledaños, conformando una patrulla de 8 soldados donde yo era el mas "viejo" con 20 años, y debíamos cuidar unas antenas de comunicaciones distantes unas de otras 100 km y las que íbamos recorriendo en periodos de una semana. En ellas se escuchaban las comunicaciones entre los mandos (nuestros jefes) en las que sus conversaciones giraban en torno al miedo y desánimo que tenían por la guerra que se avecinaba y por la poca preparación de las tropas (nosotros) y ellos mismos. Capitanes y tenientes conversaban asustados sobre los acontecimientos, y los escuchábamos, divertidos, en las madrugadas.
En 1980 tuve una pequeña experiencia "hippie" que consistía en irnos a vivir a una chacra en el sur de la provincia de Buenos Aires con otras familias y en la que cada uno debía aportar algo de capital y conformar una sociedad productora de sus alimentos en forma autogestiva y con excedentes para vender. La experiencia fue corta y fracasó, pero en el medio de su corto apogeo recibimos la visita de un agente inteligencia de la Policía Federal que vino a asegurarse de que allí no hubiese alojada una célula terrorista o vaya a saber que amenaza terrible para el status quo vigente. Siempre nos preguntamos que hubiese ocurrido si en vez de encontrar un póster de Lennon en nuestro rancho de adobe hubiese encontrado uno del Che.
Hoy gente que nació en 1980 y mas tarde, pretende darme lecciones eruditas sobre lo que fue la dictadura en Argentina.
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